Allá arriba (en el noveno piso) hay alguien que nos quiere.

Esta es la historia de un regalo que nos llega del cielo.

Pero también es la historia de un reto que se renueva, al cabo de 34 años.

Pero, vayamos por órden.

Dos charlas con los primeros clientes BertO

1985.

Fioravante Berto decide trasladar el eje de la actividad empresarial hacia el cliente final. 
Hasta ese momento habíamos sido únicamente contratistas.

Es una acción contracorriente, es un reto hacia todo y todos… Supimos después, mucho después, cuánta razón tenía.
Con sacrificios indescriptibles, la empresa BertO participa en la Feria, en Milán, proponiéndose, por primera vez, directamente a la clientela final.

Y – como en un cuento de hadas, como Ante tenía previsto – llegó el  primer cliente. 

Cuando hay un cliente, hay negocios.

Dice alguien, y, de hecho, después de 34 años, aquí estamos para dar fe de ello… pero todavía no es el momento de regresar al presente: volvamos a aquel día del año 1985 en el que aquel primer cliente realizó el primer pedido.

Una sillón. Un bergère. Verde. 

Tras su fabricación el mismo Fioravante lo entrega en Milán. 

Interfono

Buenos días, soy Berto. Tengo que entregar un sillón ¿En qué piso? 

Respuesta: 

Noveno. Tenga cuidado porque el ascensor es pequeño.

En efecto el ascensor era pequeño y el sillón no cabía. Pero se necesitaba mucho más para detener a Fioravante Berto, que – tras colocarse un sillón tan pesado en los hombros – subió a pie hasta el noveno piso de ese bloque de Milán.

Tras entrar en la casa, tras colocar el sillón en su sitio y ya casi a punto de agradecer y saludar, la señora lo paró en el umbral:

No me gusta, no me gusta el respaldo… así con estos botones. Me hubiera gustado más liso.

Fioravante escucha  afligido, y sin pensárselo dos veces, contesta:

No hay  problema, señora Altmann. Me lo vuelvo a llevar al taller y lo modifico como usted desea. Incluso el asiento, el cojín… mejor sería bajarlo un poco.

(Esta era la voz del señor Fritz, el marido, que mientras tanto se había sentado en el bergère, percatándose evidentemente de que el asiento con el peso de su cuerpo era demasiado alto de unos centímetros).

Con una sonrisa  que bien ocultaba el dolor de espalda, nuestro fundador volvió a cargar con el bergère en sus hombros, se despidió, y volvió a recorrer hacia atrás los 18 tramos de escalera que lo separaban de la furgoneta, para regresar a su trabajo y volver a fabricar – partiendo prácticamente de cero – el sillón de los señores Altmann.

Han pasado 34 años desde aquel magnífico ejemplo de servicio al cliente, de total personalización, de   insuperable atención al cliente….y desde entonces muchas cosas han pasado.

Aquel hombre, el protagonista de esta historia, el co fundador de  nuestra empresa, ya no está entre nosotros para contarnos con una sonrisa lo que pasó con el primer cliente de nuestra compañía.

Sin embargo seguimos sintiendo su presencia.

Ahora que somos más, que hemos crecido, que somos más conocidos, parece como si nos acompañase. Ahora que el taller ha sabido evolucionar hasta convertirse en una presencia en el mercado conocida y apreciada, nos parece volver a ver su habilidad despreocupada, siempre un poco por delante de todos.

Ahora que la buena voluntad de asistir a las ferias se ha convertido en un sistema de ventas estructurado y sofisticado, parece que nos ayude en las relaciones con los clientes.

Ahora que la tienda BertO de Meda se ha convertido en la primera de una serie de Exposiciones importantes, nos parece oir su voz que nos repite:  “podemos llegar a más“.

Y día tras día nos preguntamos: 

¿Estamos a la altura de lo que Ante nos demostró aquel día? 

¿En cuanto a capacidad de satisfacer a los clientes, en cuanto a actitud positiva en las relaciones, en cuanto a resolución de problemas?

Desde luego nos hicimos esta pregunta cuando, en la puerta de la exposición de Meda, ayer, 3 de octubre de 2019, se presentaron los señores Altmann. 

Elisabetta y Fritz, para encargarnos una cama nueva.

Nos pareció oír a Ante mientras se reía – complacido como nunca antes – y en nuestro corazón le dimos las gracias por todo lo que sigue enseñándonos. 

Esto es a lo que nos referíamos al hablar del hecho de que allá arriba hay alguien que nos quiere.
Allá, en el noveno piso o incluso más arriba.

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